Vas conduciendo, miras por el espejo retrovisor y, de repente, lo ves: una densa nube sale del tubo de escape de tu vehículo. En ese instante, a todo conductor se le pasa la misma pregunta por la cabeza: «¿Cuánto me va a costar esta avería?».
Vas conduciendo, miras por el espejo retrovisor y, de repente, lo ves: una densa nube sale del tubo de escape de tu vehículo. En ese instante, a todo conductor se le pasa la misma pregunta por la cabeza: «¿Cuánto me va a costar esta avería?».